Mostrando entradas con la etiqueta Taller de escritura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Taller de escritura. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de agosto de 2016

Han pirateado tu libro ¿y ahora qué?

Publicas tu libro una noche y a la mañana siguiente lo encuentras en una web de descargas, ¿puede haber algo más deprimente? Como autor uno se siente impotente al comprobar que el trabajo que ha llevado tanto tiempo es amontonado junto a otros tantos títulos pirateados y puesto a disposición de cualquiera que pulse un botón. Y que le pase a tanta gente no resulta ningún consuelo, creedme. Así que, ¿se puede hacer algo para evitarlo?

En pocas palabras, no. Siendo realistas, hay que asumir que cualquier cosa que se cuelga en internet cobra vida propia y es imposible de controlar. Las copias digitales se propagan a una velocidad sorprendente. El ejemplo con el que comenzaba este artículo no es ninguna exageración teatral: para mi sorpresa Collar negro, collar blanco fue pirateado al día siguiente de ponerse a la venta en Amazon. Esperaba que la gente que se dedica a esas cosas -los piratas, vaya- diesen un par de semanas de respiro al libro, pero no fue así. Parece que ellos también están al tanto de las novedades y se dan prisa en hacerse con ellas.

Como decía, no es posible evitar que nuestro libro sea pirateado pero cuando ocurra tendremos varias opciones para luchar contra ello (o no). Hagamos un repaso a las diferentes estrategias, muchas de ellas complementarias:
  • No hacer nada: Puede parecer un contrasentido, pero a veces resulta mejor ignorar que nos han pirateado y seguir adelante que enzarzarse en una pelea interminable. Muchas de las webs de descargas nos van a ignorar, los administradores de foros no van a responder y por cada enlace que logremos tirar pueden subir diez más con facilidad. Para colmo, realizar búsquedas de nuestro libro y enviar emails diariamente supone un tiempo y un esfuerzo que a veces no tenemos. Hay que plantearse si no resulta mejor emplear esas energías en escribir nuestra siguiente novela.

    Por otra parte hay que pensar que las personas que bajan libros pirateados no son nuestros clientes potenciales. Al fin y al cabo, si no encuentran nuestra novela para descargar no van a ir a comprarla, simplemente buscarán otra.

    Sé que resulta frustrante ver como otros se lucran con nuestra obra y que a veces uno desea quejarse a alguien aunque sólo sea para que quede constancia. Por eso entiendo a quienes no se resignen y quieran pelear a pesar de todo. Los siguientes puntos van destinados a ellos y reflejan la vertiente "activa" de la guerra contra la piratería.
  • Solicitar a Google que retire resultados de búsquedas: La primera puerta para encontrar un libro pirateado es un buscador. Casi todos ofrecen la posibilidad de eliminar contenido que suponga una infracción de copyright. Normalmente responden con rapidez, simplemente rellenando el siguiente formulario, dando los enlaces infractores y explicando el motivo: https://support.google.com/websearch/troubleshooter/3111061?hl=es. Obviamente esto no borra nada en las webs de descarga, tan solo evita que aparezcan como resultado al buscar por el título de nuestra novela. Es una forma de reducir los beneficios por publicidad de esas páginas.
  • Contactar con los dueños de los blogs: Si nuestro libro aparece colgado en una página personal, por ejemplo de Blogger, nuestra primera opción es contactar con su dueño vía email. Puede que sea suficiente con pedirle que retire el contenido, sobre todo si le decimos que somos los autores originales e infringe nuestro copyright. Si no responde o se niega, será el momento de denunciarlo a Google.
  • Contactar con administradores de foros: Los foros son otro lugar donde se encuentran libros pirateados a millares. Por suerte la mayoría tienen botones en los propios hilos para reportar contenido "sensible", el único inconveniente es que tendremos que registrarnos para usarlos. Muchos administradores borrarán los enlaces o todo el contenido para evitar meterse en problemas. Otros sin embargo nos ignorarán, con lo que sólo nos quedará recurrir al siguiente punto.
  • Solicitar a las webs de descarga directa que retiren el contenido: Al final todo nos remite al mismo punto, puede ser Mega o cualquiera de las docenas de webs donde los piratas cuelgan el material. Hay tantas que es imposible listarlas todas y los sistemas para denunciar el contenido que infringe el copyright son muy diferentes en cada una de ellas. En general lo mejor es buscar un enlace que permita enviar un "DMCA notice", que no es otra cosa que una carta tipo donde damos nuestros datos y el enlace al libro que queremos retirar. Puede hacerse a través de formularios internos o vía email. En el segundo caso puede usarse una plantilla como ésta:

    My name is [tu nombre completo]. A file was uploaded onto your servers without permission. The original book, to which we own the exclusive copyrights, can be found at:

    [enlace al lugar de descarga legal de tu libro, por ejemplo a su ficha en Amazon]

    The unauthorized and infringing copy can be found at:

    [enlace a la descarga directa en sus servidores]

    This letter is official notification under Section 512(c) of the Digital Millennium Copyright Act (”DMCA”), and I seek the removal of the aforementioned infringing links from your website. I request that you immediately notify the infringer of this notice and inform them of their duty to remove the infringing material immediately, and notify them to cease any further posting of infringing material to your server in the future.

    I hereby state that I have a good faith belief that the disputed use of the copyrighted material is not authorized by the copyright owner, its agent, or the law (e.g., as a fair use).

    I hereby state that the information in this Notice is accurate and, under penalty of perjury, that I am the owner, or authorized to act on behalf of, the owner, of the copyright or of an exclusive right under the copyright that is allegedly infringed.

    Should you wish to discuss this with me please contact me directly.

    Thank you very much.

    [tu nombre completo]
    [tu email]
    [tu dirección completa, localidad, provincia, código postal]

    Aunque en muchos casos especifican que se necesita una firma digital, con el nombre y dirección es suficiente. La mayoría responderán favorablemente a los pocos días y borrarán el contenido. Otros tantos nos ignorarán, pero eso hay que tenerlo asumido.

Como conclusión me gustaría insistir en que la guerra contra la piratería consume mucho tiempo y es imposible de ganar. Si tenemos la suerte de convertirnos en autores de éxito, nuestros libros serán pirateados más rápido de lo que podamos denunciarlo. Por otra parte, retirar todos los enlaces a nuestros libros no garantizará en absoluto que se vendan más. Dicho esto, espero que este pequeño artículo sirva de ayuda a los que decidan no resignarse y quieran intentar combatir las descargas ilegales a pesar de todo.

viernes, 12 de agosto de 2016

El chico que sólo sabía escribir borradores

Érase una vez un chico que tenía una idea para una novela. En su cabeza la historia fluía sin problemas, los personajes tenían un trasfondo impecable, los diálogos eran frescos y la trama original. Contento por verlo todo con tanta claridad, se puso a escribir. Después de un rato consiguió... un borrador. Era un conjunto de párrafos feos y torpes. Las palabras se apelotonaban y sonaban todas iguales. Sus personajes se habían fugado, llevándose con ellos cualquier chispa de humanidad, y sólo quedaba de ellos siluetas de cartón vacías. Confuso y frustrado, desechó esa hoja y volvió a empezar. Al terminar se encontró con otro borrador, mirándole desafiante desde la pantalla de su ordenador.

Este microrrelato de humor-terror viene a resumir una de mis pesadillas habituales, acabar atrapado en el ciclo del "borrador infinito". Los primeros borradores son tan desesperantes que a uno le queda la sensación de que ha hecho algo mal desde el principio. La tentación de empezar de nuevo a veces es tan fuerte que cedes y vuelves a la página uno. Cuando llevas un rato, las cosas no han mejorado, simplemente porque vuelves a tener entre manos un primer borrador.

Resulta difícil acostumbrarse a ver la escritura como una tarea acumulativa. El escritor primero debe excavar hasta dar con un material que merezca la pena. Después, cuando tenga la gema en bruto, pasará días y semanas puliéndola hasta crear la joya que existió primero en su imaginación. Esto es fácil de decir pero la primera parte de esa labor, la tediosa excavación, puede desanimar incluso al creador más inspirado.

Personalmente una de las recomendaciones que más me han servido es la que da Anne Tyler: "Mi consejo a cualquier escritor principiante es que escriba los primeros borradores como si nadie fuese a leerlos -sin dedicar un solo pensamiento a su publicación- y únicamente durante el último borrador se plantee cómo será visto ese trabajo desde fuera". Ver la obra como algo reservado para nosotros mismos, quizá incluso como un secreto vergonzoso que nunca saldrá a la luz (al menos en esa forma), puede aliviar la presión, ayudarnos a dejar a un lado las inseguridades y superar el bloqueo.

Y ahora... ¿publico esto o se queda como borrador?


viernes, 8 de julio de 2016

El reto de llegar a las 1.500 palabras diarias

Si algo me enseñó el Nanowrimo del año pasado fue que cuando uno tiene un objetivo claro y está decidido, puede hacer cosas inimaginables. Para quienes no lo conozcan, Nanowrimo es el nombre que recibe el National Novel Writing Month, un proyecto que reta a sus participantes a escribir una novela de 50.000 palabras durante el mes de noviembre. La de 2015 fue su edición número 16 y la primera en la que participé. Puedo decir que no sólo logré mi objetivo sino que supuso un cambio revolucionario en mi manera de entender la escritura.

Antes de noviembre del año pasado me podía considerar afortunado si escribía 500 palabras al día. Lo normal era que pelease con las hojas en blanco, escribiese, borrase y volviese a escribir sin acabar nunca satisfecho con el resultado. A menudo desechaba mi trabajo al cabo de unos días o directamente abandonaba los relatos, frustrado. Después de años siguiendo esta rutina casi había llegado a considerarlo parte natural del proceso. Disfrutaba con lo que hacía pero la lucha era constante y las alegrías, pocas. En el fondo sabía que era capaz de algo más, pero no lograba descubrir cuál era el problema.

Con todo esto en mente, resulta extraño que me apuntase al Nanowrimo porque, seamos realistas, ¿50.000 palabras en un mes? Eso da un saldo de más de 1.500 palabras al día, el triple de mi producción habitual. ¿De dónde sacaría el tiempo y la motivación? Sin pensarlo demasiado, me suscribí y ya estaba en ello.

Mi primer descubrimiento fue que en cuanto el único objetivo es escribir, nada impide hacerlo. Quería demostrarme a mí mismo que podía terminar la novela en un mes y me concentré, olvidando las dudas que antes me asaltaban. No pensaba en los futuros lectores ni en lograr la frase perfecta. No tenía más expectativas que llegar al final del día con el recuento de palabras siempre en ascenso.

Se podría pensar que ahí está el truco: si uno escribe cualquier cosa es normal poder llegar no sólo a 1.500 sino a 10.000 palabras. Pero mi intención no era sacrificar la calidad o rellenar páginas de frases sin sentido. Tenía clara la historia que quería contar, un relato que me obsesionaba desde hacía meses, y me ceñía a ello. Muchos de los personajes y situaciones ya estaban rondando por mi cabeza, lo que fue de gran ayuda. Me había allanado el camino sin ser consciente de ello.

Otra cosa que me repetía era que ya habría tiempo para repasar y reescribir todo lo necesario cuando acabase ese mes. Al fin y al cabo, el reto era sólo llegar a las 50.000 palabras, nada más. Los propios organizadores recomendaban tomarse el resultado como un primer borrador que pulir más adelante. De esa forma, si me asaltaban mis inseguridades o pensaba que no estaba dando con las expresiones correctas, podía decirme a mí mismo que ya lo arreglaría.

Así pasaron los días y las páginas fueron acumulándose. Me puse un horario fijo de escritura y no me permití saltármelo. Llegó la última semana de noviembre y para mi sorpresa la meta estaba a mi alcance sin tantos sufrimientos como había vaticinado. El último día el contador de mi procesador de textos me dio la feliz noticia. ¡Lo había conseguido!

Al margen del logro en sí mismo, lo que me produjo una inmensa alegría fue descubrir que era capaz de llegar hasta allí. A partir de ese momento, sólo tendría que aplicar la misma fórmula a cualquiera de mis proyectos. Pero... ¿cuál era el secreto? Después de analizar lo que había pasado lo reduje a los siguientes puntos:
  • Plantearnos los objetivos como retos: poner una fecha límite, establecer un horario o un número de palabras que cumplir cada día. El primer pensamiento será ¿en serio? Pero tener una meta y cumplirla produce satisfacción. Las pequeñas victorias diarias animan a continuar.
  • Hacer los preparativos necesarios antes de empezar: investigar, documentarse, preparar fichas de personajes, nombres y lugares de antemano evitará que rompamos el ritmo de escritura, además de estimular nuestra imaginación.
  • Olvidar las expectativas: ser consciente de que la perfección no es necesaria en el primer borrador. Además, nadie tiene tiene por qué leer nada nuestro si no queremos. Aprovechemos esa libertad total.
  • Conocer nuestra historia y concentrarnos en contarla: en el fondo se trata de transmitir una idea, usando cualquier medio que tengamos a mano. Si la palabra adecuada no viene a nuestra cabeza, cualquier otra que transmita lo que queremos servirá. Cuando hayamos terminado ya habrá tiempo de repasar y reescribir hasta quedar satisfechos.
Unas reglas tan simples y obvias que me costó asumirlas y aplicarlas. Pero puedo asegurar que a mí al menos me funcionan. Hay una más, que me gusta especialmente, aunque es más un dicho que cualquier escritor debería grabarse a fuego: noventa páginas malas son mejores que ninguna página.


Otros artículos interesantes sobre este mismo tema, por si queréis seguir indagando:
Cómo pasé de escribir 2000 palabras al día a 10000 palabras al día (Ana Katzen)
George R.R. Martin Asks Stephen King 'How the F**k Do You Write So Fast?!' (geektyrant)
The Daily Word Counts of 39 Famous Authors (Writers Write)


martes, 21 de junio de 2016

Escribiendo diálogos

Envidio a los autores que son capaces de escribir diálogos fluidos y naturales sin ningún problema. Por mi parte siempre tengo la sensación de que mis personajes son parcos en palabras y dudo de si su forma de expresarse será lo bastante "real". Ésta última afirmación tiene truco porque por muy bien escritos que estén, los personajes de una novela jamás hablarán como la gente de la calle.

No se trata de una cuestión de calidad, simplemente es la constatación de un hecho: charlar a viva voz no se parece a la palabra escrita. Si tratásemos de transcribir una conversación con amigos o familiares nos encontraríamos con redundancias, incongruencias, onomatopeyas, todo tipo de construcciones extrañas que aunque son "naturales" al oído, no encajan en una hoja de papel.

¿Cuál es el truco entonces? La clave, en mi opinión, es escuchar. Cada persona con la que nos topamos en el día a día tiene un tono diferente, le gustan unas palabra concretas y se expresa con una intensidad propia. A nivel de contenido, unos pueden recurrir más al humor, otros ser más secos, según su personalidad o cómo se hayan levantado esa mañana. Como escritor me gusta tomar nota mentalmente de esos detalles porque son los que pueden servir luego para elaborar un personaje.

Un buen diálogo novelesco es un intercambio de información relevante entre dos protagonistas. Si no nos aporta algo nuevo y no hace avanzar la trama, no merece estar ahí. Los implicados, además, deben comunicarnos cosas sobre sí mismos, directa o indirectamente. ¿Cuál es su estado de ánimo en ese momento? Y a un nivel más amplio, ¿cómo nos transmiten las palabras su personalidad? ¿Cuál es su historia personal? ¿De dónde viene? ¿Es un hombre educado e impecable al hablar o es rudo y con acento? Ahí es donde podemos utilizar lo que oímos en la calle día tras día, ya sea como marcas para individualizar a cada uno o como rasgos relevantes e intransferibles.

Escribir buenos diálogos es todo un arte y como tal, cuesta dominarlo. Un buen consejo, repetido en muchos manuales, es leer en voz alta nuestro texto, ya sea solos o con ayuda de otra persona. Si el intercambio suena artificial, forzado o aburrido, será señal de que hay que reescribir.


viernes, 10 de junio de 2016

Amanecer en Venecia (fragmento)


"El amanecer creció sobre la ciudad tiñendo las aguas y los edificios de dorado. En su pedestal el león alado pareció sonreír al recibir los primeros rayos de sol. El campanile de San Marcos pintó una estilizada aguja sobre los tejados, conjurando un reloj invisible que marcaba el momento en el que todos los venecianos comenzaban a desperezarse. Su recorrido señalaría también las diferentes etapas del bullicio compartido entre habitantes y turistas, desde el despertar somnoliento y el frenético recorrido por plazas, canales y calles estrechas, hasta la caza de fotos o souvenirs. El ánimo flaquearía más allá del mediodía, tras la comida, atrapados por la seductora promesa de una cabezada bajo las frescas sombras de los palacetes. La noche, como siempre, sería el último refugio de los más aventureros."

Un pequeño fragmento del lugar en el que se encuentra sumergida mi imaginación por ahora: Venecia. La segunda parte de 'Collar negro, collar blanco' sigue adelante en tierras italianas.

martes, 17 de mayo de 2016

Lo que oyes por casualidad

Lo reconozco, me gusta escuchar las conversaciones de los demás. Ya sea en el bus, en el metro o en la cola del cine, el murmullo de la gente me atrae sin remedio. Hay tantas historias desenvolviéndose a cada momento que resulta imposible no tratar de seguirlas y unir sus fragmentos. Para evitar quedar como un simple fisgón diré que, a menudo, aquello que oigo por casualidad me sirve en mis propios relatos.

Por una parte están las semillas de ideas que los desconocidos van dejando con su charla. Problemas, amores, frustraciones, toda una serie de fragmentos vitales que se pueden incorporar a nuestros personajes o crecer hasta adquirir entidad propia. Un trayecto en transporte público puede darnos pie a un sinfín de historias, contando además con el misterio añadido de desconocer tanto la identidad de los protagonistas, como el origen y el final (si es que lo hay) de sus dilemas.

Otra ventaja de escuchar lo que otros dicen es que se adquiere familiaridad con los giros y la manera de hablar de la gente, algo indispensable si queremos que nuestros diálogos resulten creíbles. No todo el mundo se expresa igual y la única forma de escapar de los límites de nuestra educación y estrato social es tratar de empaparnos de los de otros. Si nos estamos abiertos a esas influencias, todo el reparto de nuestra novela puede terminar como una sucesión de versiones distorsionadas de nosotros mismos.

Por último, un factor más para no sentir remordimientos a la hora de "pegar la oreja" es la posibilidad de descubrir, mediante ese modesto espionaje, a personajes memorables. Ya sea por sus retorcidos insultos, su lengua viperina o sus expresiones floreadas, esos individuos que destacan sobre la multitud son los que luego nos servirán para crear a nuestros propios protagonistas, secundarios o villanos.

sábado, 14 de mayo de 2016

Contar historias

Si algo tenemos en común todos los seres humanos es que nos gusta contar o que nos cuenten historias. Pueden pasar miles de años y cambiar el lugar o los medios, pero uno de nuestros pasatiempos preferidos sigue siendo dejarnos capturar por la imaginación de otros.

Hay algunos factores que en mi opinión marcan la diferencia a la hora de ser un buen "cuentacuentos", o por supuesto, un buen escritor:
  • Originalidad: Resulta difícil dar con temas que no hayan sido tratados ya, así que al hablar de ser original me refiero más bien a encontrar formas nuevas de presentar esas historias que siempre nos han atraído a todos. Amor, traición, desengaño, los elementos pueden ser conocidos pero depende de nosotros saber cómo combinarlos. Los grandes autores a menudo son más conocidos por esto que por lo revolucionario de sus tramas. Puede ser en la forma o en el fondo, pero uno siempre debería aspirar a aportar algo nuevo con sus relatos.
  • Ritmo: Controlar cómo progresa la narración es clave cuando contamos algo de viva voz, pero también en los relatos escritos. Los mejores cuentos comienzan con una premisa intrigante que atrapa al público y le deja con ganas de más. En los siguientes actos el suspense aumentará progresivamente, con giros inesperados, dilemas o retos a los que los protagonistas deberán enfrentarse. Cuando el final se acerque, el oyente/lector estará ansioso por descubrir cómo se resuelve todo.
  • Emoción: Si hay una verdad inequívoca es que recordamos mejor las historias que nos tocan emocionalmente. Nuestras palabras deben ir dirigidas al cerebro para entretener pero al corazón para perdurar. Algo importante que debemos recordar es que nuestros lectores comparten con nosotros, y con el resto de la humanidad, muchas experiencias vitales. La búsqueda de la felicidad, la frustración por no poder lograr lo que deseamos, el dolor de la pérdida, la angustia de la soledad... son universales. Si nuestras historias saben reflejarlo, habremos dado un paso muy importante.

viernes, 6 de mayo de 2016

Herramientas del oficio

Hay una serie de herramientas que se han convertido en imprescindibles para mí a lo largo de estos años en el oficio de la escritura. Algunas son muy convencionales, otras sólo resultarán familiares a aquellos que se encuentren en la misma pelea por dominar el caótico proceso creativo.
  • Cuadernos de colores: Uno para cada género. En ellos anoto, en párrafos breves, las ideas para nuevas historias. Como curiosidad, tengo uno específico junto a la cama para apuntar esos sueños que resultan tan nítidos al levantarnos por la mañana pero que acaban desvaneciéndose a lo largo del día.
  • Cuaderno "de novela": Éste es más grande y diferente a los anteriores. Lo uso para apuntar todo lo que se me ocurre de la novela que esté desarrollando, desde la trama (con la estructura de escenas), a los personajes (con sus descripciones, pasado, árbol de relaciones, etc). También hay sitio para lugares, objetos, detalles o frases concretas... La mayoría de estas cosas no llegan nunca al manuscrito final pero éste no podría existir sin ellas.
  • Tarjetas: Mencionadas siempre en los manuales de guión cinematográfico, resultan muy prácticas, por ejemplo, para tener a mano a los personajes que aparecen en un capítulo (y sólo a esos) con sus descripciones. Su uso tradicional es dividir y numerar las escenas, para facilitar la tarea de ordenar la narración. También se pueden preparar tarjetas para lugares u objetos.
  • Bolígrafo de cuatro colores: Comprado por nostalgia de la época estudiantil pero realmente funcional. Resaltar, tachar o añadir, todo en uno.
  • Portátil: Es la herramienta menos romántica de todas pero también la más obvia, porque no se puede escribir sin él. Dejando eso de lado, resulta especialmente útil para otras cosas, como conseguir documentación, imágenes o música de fondo que vaya con nuestra historia.
  • Café: ¡Café, café, café!
Con la tecnología de Blogger.