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viernes, 16 de diciembre de 2016

Sé como una tormenta



Sr. Bixler: "Enfundado en talento a modo de uniforme,
El rango de cada poeta es bien conocido;
Nos pueden asombrar como una tormenta
O morir tan jóvenes, o vivir solos durante años."

Mi consejo para vosotros en nuestra última clase, sed como una tormenta.

Justin: ¿A qué se refiere exactamente con eso?

Sr. Bixler: Quiero decir... sed peligrosos e impredecibles. Y haced mucho ruido.


"My Girl", 1991

viernes, 21 de octubre de 2016

Empieza a escribir

¿Consejo? No tengo ningún consejo. Deja de soñar y empieza a escribir. Si estás escribiendo, eres escritor. Escribe como si fueses un maldito condenado a muerte y el gobernador estuviese fuera del país y no hubiese ninguna posibilidad de indulto. Escribe como si estuvieses aferrado al borde de un precipicio, con los nudillos en blanco, en tu último aliento, y sólo pudieses decir una última cosa, como si fueses un pájaro volando sobre nosotros y pudieses verlo todo, y por el amor de dios, dinos algo que nos salve de nosotros mismos. Respira profundamente y cuéntanos tu más profundo, oscuro secreto, para que podamos secar el sudor de nuestra frente y sepamos que no estamos solos. Escribe como si tuvieses un mensaje del rey. O no lo hagas. Quién sabe, quizá tú seas uno de los afortunados que no tienen por qué.     —Alan Watts

viernes, 7 de octubre de 2016

BDSM y ficción, relación difícil

Una de las preguntas que más me hacen las personas que leen "Collar negro..." es si los collares de colores existen en realidad en el mundo de la dominación y la sumisión. Es una duda que surge incluso a aquellas familiarizadas con estas prácticas, e ilustra un problema del que no fui del todo consciente cuando empecé a escribir la novela: lo subjetiva y poco concreta que es la etiqueta BDSM, y la difícil relación que tiene con la ficción.

Para empezar me gustaría aclarar que no utilicé el término BDSM en todo el libro y fue una decisión plenamente consciente. No pretendía ceñirme a ningún protocolo ni que mi novela fuese ejemplo de nada, sino más bien todo lo contrario. Sabiendo lo saturado que estaba el género, me apetecía crear algo diferente, un mundo distópico que respondiese a la pregunta de cómo podría construirse una realidad en la que Amos y sumisos estuviesen integrados en la vida diaria. De ahí que la sinopsis comenzase con las palabras, "En un mundo en el que la dominación y la sumisión están aceptadas como algo cotidiano..." Ese sería mi reino de Oz particular, uno en el que cualquier pudiese ponerse voluntariamente un collar y convertirse en esclavo de otros.

El motivo de mi rechazo a las etiquetas tenía que ver sobre todo con mi forma de ver el BDSM. También, de paso, con evitar un debate que considero estéril. Es muy difícil decir que algo "es" o "no es" cuando en esencia se trata de una práctica íntima, un intercambio privado de poder entre dos personas. Aparte del concepto común de la entrega de uno a otro, que puede aplicarse tanto al bondage como a la dominación y al sadomaso, ¿cómo identificar a un practicante de BDSM?

Si tuviese que definirlo, diría que el BDSM es una relación entre dos adultos, que de manera consensuada definen los roles de poder que adoptará cada uno, y lo hacen siempre teniendo como base el sentido común. El grado de entrega que cada pareja adopte es decisión suya, para algunos será un juego sexual, para otros una forma de vida. Tanto eso como los fetiches y la parafernalia que empleen después son secundarios, en mi opinión. Máscaras, collares, cuero, látigos, cuerdas... nada de eso te da la potestad de considerarte "más BDSM" que otros. Quizá nunca hayas atado o azotado a tu sumiso, ni te hayas vestido de cuero, pero eso no lo hace ni mejor ni peor. Sólo refleja que cada forma de vivirlo es diferente y que todas son válidas.

El problema, imagino, surge del boom editorial que todos conocemos. En estos años las estanterías de las librerías se han llenado de títulos que aprovechan el morbo de la dominación/sumisión y su aura de práctica oscura y minoritaria. Los autores y autoras se han documentado, en algunos casos mejor, en otros peor, pero al final a todos parece que les ha tentado la idea de presentar su visión como el "verdadero BDSM". Paradójicamente, nos han puesto más fácil decir qué NO lo es, porque eso sí que está muy claro. Por mucho que se empeñen, el BDSM no es maltrato físico o psicológico, no es abuso, no es violación, no es una relación entre dos personas con traumas infantiles o ansias de venganza. Lo vendan como lo vendan, lo que la mayoría plasman en sus páginas tiene más que ver con porno maquillado que con las prácticas reales de este mundillo.

Para concluir, y retomando lo que me impulsó a escribir este artículo, diré que mi intención con "Collar negro..." siempre fue separarme de todo eso y dejar atrás fórmulas manidas, protocolos y poses de pretendido experto. Quería alejarme de lo conocido y crear algo nuevo, ya que la literatura nos lo permite. Creo sinceramente que la ficción mejora en calidad cuanto más nos salimos de lo convencional y lo previsible. Puede que haya provocado alguna sorpresa y enarcamiento de ceja por mi forma de tratar estos temas, pero asumí desde el principio que no se puede contentar a todos. Mis objetivos son sencillos: mientras las personas que lo hayan leído se hayan divertido y emocionado tanto como yo, me daré por satisfecho. Si para lograrlo tengo que romper un poco los esquemas, para eso estamos los escritores, ¿no?



miércoles, 8 de junio de 2016

La quinta ola y el amor a primera vista

La quinta ola es una película de ciencia ficción, adaptación de la novela del mismo título de Rick Yancey. Pertenece a una trilogía, aunque no es seguro las siguientes entregas vayan a trasladarse a la gran pantalla, teniendo en cuenta las malas críticas y el moderado éxito en taquilla de ésta. En este artículo hablaré de algunos aspectos de la trama, tratando de no hacer spoilers.

La protagonista de la historia es Cassie, una chica de instituto que ve cómo su mundo se desmorona cuando una nave extraterrestre aparece en el cielo y comienza una serie de ataques destinados a conquistar la Tierra. Tras las cuatro primeras "olas", ella y su hermano pequeño Sam se verán abocados a tratar de sobrevivir por su cuenta. Sin embargo la amenaza de la quinta ola penderá sobre sus cabezas de maneras inesperadas.

Esta película se lanza a la acción de inmediato y deja pocos momentos de relax. Su desarrollo es rápido, a veces casi demasiado, supongo que por la necesidad de resumir en poco más de hora y media las más de cuatrocientas cincuenta páginas de la novela. A pesar de todo resulta entretenida y se puede empatizar con los personajes, todo un logro después de la sucesión de protagonistas insufribles de Los juegos del hambre, El corredor del laberinto o Divergente.

La quinta ola es más ligera que todas las anteriores, tiene una trama clásica y maneja bien los puntos de vista. Quizá por ello resulta, en conjunto, más amena. Entre los puntos negativos, el escaso desarrollo de Cassie y los demás, un problema que aqueja a casi todas las adaptaciones. Es una lástima porque las relaciones interpersonales, que podrían ser uno de los puntos fuertes, quedan desdibujadas. En última instancia, el "amor a primera vista" que mencionaba en el título acaba por resultar inverosímil.

El amor en la mayoría de las obras de ficción ya resulta de por sí apresurado e idílico. Los personajes se conocen y salvo algún obstáculo puntual, su amor queda claro desde el primer momento en el que se ven. Sea explícita o no, la conexión romántica se establecerá entre ellos y la novela o película nos relatará el paso del conocerse-odiarse-amarse como si fuese lo más natural del mundo. Los lectores/espectadores podemos aceptarlo como algo natural, un cliché de ciertos géneros o simplemente, la magia del cine. Sin embargo, a pesar de todo lo que podamos poner por nuestra parte, hace falta un trabajo de fondo para que esa relación tenga un mínimo de credibilidad. Y esta película no lo tiene.

Se puede argumentar que hay poco tiempo, muchas cosas que contar, etc. No es excusa. Algunas de las mejores historias de amor del celuloide han ocupado noventa minutos o menos, y todos lo sabemos. No hay motivos para hacerlo mal salvo la torpeza o el desinterés, y menos aún cuando los medios sobran. Dicho esto, un humilde consejo para el futuro: señores directores, señores guionistas... mimen un poco más su obra y dejen de tomar atajos, por favor.


miércoles, 1 de junio de 2016

Crónica de un mes literario

Parece mentira que ya haya pasado un mes desde la publicación de 'Collar negro, collar blanco'. Los días se han ido volando y la sensación general ha sido de satisfacción por haber puesto en marcha -al fin- un proyecto que llevaba años rondando por mi mente. Si tuviese que quedarme con un momento concreto, sería en el que vi aparecer por primera vez la portada en Amazon. Fue entonces cuando todo se volvió más real. Quedaba mucho por delante, pero el primer paso estaba dado.

Otro descubrimiento agradable ha sido la cariñosa acogida de la gente. Desde aquí quiero agradecer de corazón a Ayla, que ha estado conmigo desde el principio, y a todas aquellas personas que me han apoyado y siguen haciéndolo. Gracias por los consejos, los ánimos y los buenos deseos. Uno de los mejores aspectos de este viaje está siendo las amistades hechas por el camino.

En el lado negativo, resultó un jarro de agua fría encontrar el libro pirateado al día siguiente de su publicación, pero creo que hay que aceptarlo como algo inevitable. No merece la pena agotarse peleando contra molinos de viento.

Nervios, dudas, incertidumbre. Hay mucho de eso todavía, pero estoy convencido de que mientras haya ilusión se puede con todo. Quedan muchas páginas que escribir, novelas que publicar y trabajo por hacer pero, visto lo visto, estoy más animado que nunca para afrontarlo.

De nuevo, sólo puedo decir gracias por ayudarme a hacerlo posible.

viernes, 27 de mayo de 2016

Portadas románticas y torsos desnudos

De entre todos los clichés de la novela romántica, uno del que parece especialmente difícil escapar es el de la portada. Ninguna obra de este género puede estar completa si no tiene un chico musculoso con melena al viento para adornarla. Y si hablamos de novela homoerótica, dos mejor que uno, como es lógico.

Utilizar un poderoso torso desnudo en la cubierta es apelar a algunos de los instintos más básicos y hacerle una promesa a la persona que compra nuestra novela. No sólo va a leer una historia de amor, sino que además ésta va a ser tórrida, y su protagonista, un semidios vikingo. Bromas aparte, es una suerte que los tiempos hayan cambiado y ahora ya no se estile tanto tener a Fabio sujetando por la cintura a una doncella en apuros.

A día de hoy es posible encontrar portadas de todo tipo, algunas de ellas auténticas obras de arte. Me vienen a la cabeza Corazones de acero, de María José Tirado, o El aire que respira, de Brittainy C. Cherry, por mencionar dos de las más me han gustado recientemente. Las editoriales saben muy bien que una buena imagen puede ser decisiva para que nos decidamos a coger el libro y leer su sinopsis, así que tratan de innovar y salirse de los tópicos. Sin embargo hay algunos subgéneros, como el de la novela erótica, a los que les está costando más hacer esa transición.

Cuando llegó el momento de maquetar Collar negro, collar blanco tenía clara una cosa: nada de chicos ligeros de ropa marcando abdominales rocosos. Por muy atractivos que puedan resultar, no era mi estilo, ni tampoco el de la historia, así que la decisión fue fácil. Sabía que la competencia sería dura y que llamaría menos la atención frente a otros títulos, pero prefería arriesgarme antes que dar una impresión equivocada.

La idea de utilizar un collar BDSM (cedido amablemente por un sumiso auténtico, además) surgió de manera natural y desde aquí quiero dar las gracias a Ayla Adams por la magnífica foto que finalmente se convirtió en nuestra portada. El blanco y negro siempre me ha parecido sobrio y elegante, y la composición minimalista creo que es lo bastante sugerente como para dejar las preguntas justas en el aire. ¿De quién es ese collar? Y lo más importante ¿qué significa? Si ha servido para que alguien busque esas respuestas dentro, entre sus páginas, misión cumplida.


lunes, 23 de mayo de 2016

El malentendido final o cómo estropear una comedia romántica

No es ninguna novedad que la mayoría de las comedias románticas funcionan en base a una fórmula. Los clichés se repiten tanto que a menudo el mérito de una película de este género consiste en saber disimular esos mecanismos comunes lo suficiente como para que no se noten y a pesar de todo resulte fresca e interesante. A saber, chico que nunca encuentra a la persona adecuada, chica que ha salido de un desengaño (estos papeles son intercambiables), se cruzan por un motivo cualquiera. En un primer momento no congenian o directamente se llevan a matar, pero hay una química innegable entre ellos. Por azares del destino siguen coincidiendo y surge la chispa. Cuando ya han superado todos los obstáculos que les separan y la pareja parece consolidada, a escasos quince minutos del final, surge... el malentendido.

El malentendido puede ser alguien del pasado, un ex-novio/a que aparece asegurando que nunca rompieron, un amigo o un familiar que cuentan un secreto incómodo, por ejemplo que el protagonista apostó que lograría salir con alguien en menos de una semana... En resumen, cualquier excusa ridícula para separar a la pareja y volver a reunirles en los últimos minutos. El malentendido final es uno de los peores recursos narrativos que existen, no sólo eso, también es un insulto para el espectador.

Podemos asumir que el mundo de las comedias románticas es una versión distorsionada de la realidad, al igual que ocurre en todas las ficciones. En ese mundo, la lógica de las relaciones se flexibiliza un poco: el amor es más rápido e intenso, el cielo más azul, las personas que se odian pueden pasar a quererse sin ningún problema. Asumimos eso porque entramos en el juego del narrador, pero a cambio queremos que él nos trate con cierto respeto y no se ría de nosotros. Estamos viendo a la pareja perfecta enamorarse, ¿pero la magia se rompe porque no pueden, o no quieren, dedicar cinco minutos a solucionar el primer problema? No hay mejor forma, en mi opinión, de estropear tanto a los propios personajes como la trama.

Hay películas muy famosas que han jugado con la misma idea. Amélie, por ejemplo, termina con un malentendido y no supone ningún problema. Si se hace bien, es un elemento perfectamente válido. Quizá la clave está en no forzar una situación sin sentido. Si te acabas de enamorar de la persona más maravillosa del mundo, y de eso va toda la historia, ¿vas a ponerlo en peligro por no pararte a hablar? La cuestión principal que deben resolver las películas que recurren a esta maniobra simplona y tramposa es ¿me tomo en serio lo que cuento? Cuando uno puede responder que sí, las cosas salen mucho mejor.

viernes, 20 de mayo de 2016

Sagas vs. novelas autoconclusivas, ¿segundas partes nunca fueron buenas?

Siempre me ha resultado difícil comenzar a leer una saga, más aún si está inconclusa. Puede que sea porque de niño era raro que me topase con historias que necesitasen de más de una entrega para desarrollarse. Salvo excepciones como El Señor de los Anillos u otros títulos de fantasía, siempre que cogía un libro de la biblioteca de mi barrio sabía que la aventura comenzaría y terminaría entre esas mismas páginas. Una situación muy diferente del panorama actual, sobre todo en algunos géneros. Da la impresión de que si el autor no firma como mínimo una trilogía, no está haciendo las cosas como debe.

Los motivos pueden ser muy variados pero los monetarios son los primeros que me vienen a la mente, de ahí mi desconfianza. Alargar las tramas de manera artificial o llenar folios de... nada, como vemos a diario en las novelas Young Adult, me parece una falta de respeto hacia las personas que te siguen. Incluso escritores consagrados y de calidad indiscutible como George R. R. Martin deberían plantearse hasta dónde van a estirar las cosas y por qué.

Cuando empecé a escribir Collar negro, collar blanco tenía muy claro que sería una novela autoconclusiva. Odiaría dejar a los lectores colgados a la espera de una segunda entrega, y eso es porque como autor también procuro ponerme en su lugar. Por mucho que me encariñe con los personajes y me divierta acompañándoles en sus aventuras, prefiero plantearlas de manera independiente y que se disfruten así. Me parece lo más justo para todos.

Y sí, estoy escribiendo una segunda parte de Collar negro, collar blanco pero no porque la historia de Álex haya quedado a medias. Simplemente hay más partes de su vida futura que me apetece explorar. Aquellas personas que quieran conocerlas podrán hacerlo, las que prefieran quedarse con el original, también.

jueves, 12 de mayo de 2016

Entrevista con el vampiro, otro remake innecesario

Parece inevitable que todas las películas que lograron hacerse un hueco especial en nuestro corazón acaben teniendo un remake mediocre que empañe su recuerdo. Esta vez le ha tocado el turno a Entrevista con el vampiro, la adaptación de la novela de Anne Rice que en su día provocó tanto revuelo al juntar en pantalla a Tom Cruise y Brad Pitt. Si hacemos caso a los rumores, el papel de Lestat podría recaer en esta ocasión en uno de los actores de moda, Jared Leto. El director/guionista sería Josh Boone, conocido sobre todo por Bajo la misma estrella.

No tengo nada en contra de Leto, de hecho me parece magnífico en lo que hace, y tampoco de Boone, pero me parece difícil igualar, ya no digo superar, el impecable trabajo de Neil Jordan. No le veo sentido a proyectos de este tipo y nunca se lo veré. Supongo que la lógica del mercado manda y los chupasangres son siempre una apuesta segura. La saga de las Crónicas Vampíricas era demasiado golosa como franquicia como para que los estudios la dejasen pasar. La autora estará frotándose las manos pensando en los derechos de sus futuras entregas, pero debe ser la única.

Por mi parte prefiero quedarme con las mismas palabras e imágenes que me emocionaron una vez. No necesito la promesa de nuevos y flamantes recuerdos, si los que tengo ya son perfectos.
Observé el amanecer en toda su magnificencia por última vez, como si se tratara de la primera. Y luego me despedí de la luz del sol y me preparé para convertirme en lo que soy.

martes, 10 de mayo de 2016

Escribiendo homoerótica o cómo etiquetarse de forma imprecisa

Nunca me he considerado un escritor de homoerótica. Ni siquiera ahora, con un libro publicado, siento que pertenezca especialmente a ese género, a pesar de que mi novela incluya relaciones entre hombres y un innegable contenido sexual. Me gusta pensar que, al margen de esos detalles, soy simplemente escritor.

Para mí las historias son fluidas y pueden contener todo aquello que imaginemos, en las combinaciones que más nos apetezcan. Amor, humor, sexo, intriga, aventura. La vida en las páginas puede, o al menos debería, ser tan amplia y compleja como en la realidad, así qué ¿por qué coartarse? Reconozco la utilidad de los géneros, pero a veces me da la sensación de que algunos superan su propio cometido y ahogan aquello que intentan definir. Una novela de crimen y misterio en la que hay sexo explícito y la pareja principal son dos chicos ¿es homoerótica? No dejo de pensar que es injusto e insuficiente catalogarla así.

Habría que hablar largo y tendido sobre cómo normalizar tanto unos aspectos como otros en la literatura, pero la teoría y la práctica, como siempre, no van de la mano. Las etiquetas ordenan y simplifican, así que todo el mundo las adora. Por mucho que nos pese están aquí para quedarse.

Me consuelo pensando que quizá en el futuro seremos capaces de tener la mente abierta y las palabras servirán sólo para expandir nuestros mundos, no para constreñirlos en fronteras ficticias.

lunes, 9 de mayo de 2016

La dificultad del primer beso

Un beso es una frontera entre dos personas, un gesto simple pero capaz a la vez de redefinir mundos enteros. Los labios se tocan y un segundo después ya nada es lo mismo. Al separarse, surgirán las eternas preguntas ¿qué pensará? ¿Ha sido demasiado pronto? ¿Demasiado rápido? ¿Le habrá gustado? Y sobre todo, ¿qué seremos ahora?

El beso es una llave a lo desconocido, a multitud de aventuras, promesas, desengaños. De todas las intimidades físicas, es casi la más sencilla y sin embargo...
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